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La iglesia es un lugar para encontrarte con Dios, edificarte (Ef. 4:16; 2:20-21), estimularte a las buenas obras (Hebreos  13:25), lugar para recibir bendición y milagros (Sal 33) para hablar a Dios, para crecer en fe y unción del Espíritu Santo.

Cuando aceptamos a Jesús como Señor y Salvador pasamos a formar parte de la familia de Dios y el quiere ofrecernos un lugar de refugio en donde pueda brindarnos protección, cuidado y fuerza para vivir conforme a su propósito; así como corrección, orientación, disciplina, inspiración, fe, etc.

¿A qué llamamos iglesia? La iglesia está integrada por todos los cristianos en el mundo entero que han dado el paso de entregarle su vida a Cristo. El término significa “asamblea de llamados”, no es el edificio sino quienes han creído en Cristo y lo han recibido en su corazón.

¿Por qué necesitamos de la Iglesia? Para permanecer firmes y fieles en nuestra elección. -Nos permite tener comunión con otros creyentes. 1º Cor. 12:27. Dios muestra el valor de cada miembro y su importancia, ninguno sobra o carece de servicio, todos se necesitan y ayudan mutuamente. Ecl. 4:9-10.

-Provee el consejo de cristianos maduros. Debemos acudir a personas confiables y guiadas por Dios cuando veamos que algún pecado o mal hábito nos está gobernando y no lo podemos vencer. Es necesario buscar ayuda para recibir consejo y saber cómo salir victoriosos del problema o situación. Prov. 12:5.

-Brinda la oportunidad de servir. 1º Pedro 4:10. Establezca el reto de asistir a la iglesia no sólo para recibir sino también para servir. Hágalo en lo que este a su alcance. Es una buena oportunidad para servir a la gente haciendo participe de las buenas nuevas, del amor y perdón ofrecido por Dios para sus vidas.

Debemos llevar el evangelio a otros y cuidar de ellos hasta verlos transformados a la imagen de Cristo.

-Provee el alimento espiritual. Esto se hace con la enseñanza y capacitación adecuada para crecer en el conocimiento de Cristo hasta estar en condiciones de capacitar a otros. 2º Ti 3:16.

-Para alabar a Dios: Sal. 95:6.

Conclusión: Tome ahora la decisión de comprometerse con Dios en serle fiel y a la familia en la cual El lo ha colocado, su iglesia.

Determine en su corazón no ocupar un lugar en la silla, sino dar lo mejor de usted. En servicio, entrega, compañerismo y consagración. Así pronto vendrá el tiempo en el que amará su iglesia, la visión impartida y a los creyentes. Sentirá que tiene una familia más grande y hermosa. Salmo 133:1.

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