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Perdonar es renunciar al derecho de castigar al culpable. Es olvidar el sufrimiento y tratar al otro mejor de lo que se merece, sin pedirle nada a cambio. Es un regalo de amor que se elige dar al ofensor.

Cristo comparó el perdón como la cancelación de una deuda (Lucas 7:36-50), cada persona que nos ofende queda endeudada con nosotros o cuando ofendemos nosotros quedamos endeudados con ellos.

Las discusiones entre pareja son como dramas que se repiten, agregando un nuevo capítulo cada vez.  En la pareja, donde la convivencia de la vida diaria produce roces, malentendidos, desacuerdos, frustraciones y enojos, es necesario ejercitarse en conceder y pedir perdón.

¿Por qué perdonar?

El perdón es una orden de Dios. Así como fuimos perdonados por Él, a través del sacrificio de Su Hijo Jesucristo, también debemos hacerlo nosotros. Perdonar no es una debilidad, no es falta de dignidad; es un acto de misericordia, donde los mayores beneficiados somos nosotros, porque al perdonar evitamos que crezca en nuestro corazón amargura, ira, rencor, resentimiento y venganza, sentimientos que traen sufrimiento, dolor y quitan el gozo de vivir.

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”   Efesios 4:31-32

¿Por qué tengo que dar el primer paso si soy el ofendido?

No hay que esperar a que el ofensor se acerque a pedirnos perdón, porque mientras más tiempo pase, más meditaremos en la ofensa, más crecerá, más dolor causará.

Más bien, lo más pronto posible y aunque no tengamos el deseo de hacerlo, tomemos la decisión de perdonar, no porque el otro lo merezca, sino porque queremos sanar el corazón, sacar el dolor y vivir en libertad. Es posible que el dolor no desaparezca inmediatamente, pero si cada vez que el suceso viene a nuestra mente recordamos que ya perdonamos, con el tiempo la herida sanará y dejará de afectar nuestra relación.

“Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? -No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces le contestó Jesús” Mateo18:21-22

Aceptar que en otras ocasiones hemos ofendido y maltratado a otros nos facilitará tomar la decisión de perdonar.

“Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”Juan 8:7

¿Por qué pedir perdón?

Es muy fácil herir a las personas que más amamos. Ofendemos cuando nuestras palabras o acciones van en contra del bienestar del otro.

Aunque hay ofensas evidentes, existen otras que pueden pasar desapercibidas, como cuando dejamos de cumplir una promesa, cuando llevados por el enojo decimos cosas que no sentimos, o simplemente cuando ignoramos las necesidades de la pareja.

Es por eso que si nos damos cuenta que hemos lastimado, intencionalmente o no, los sentimientos del otro, debemos acercarnos arrepentidos, con una actitud humilde, confesar nuestra falta y pedir perdón. Este será el primer paso para sanar el dolor que causamos y abrir la puerta a la restauración.

Además, al pedir perdón obedecemos a Dios, nos ejercitamos en humildad, valentía y misericordia.

Reconocer nuestra equivocación puede ayudar en un futuro a pensar antes de actuar para no cometer el mismo error.

“Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda Mateo 5:23-24

Perdonarnos a nosotros mismos

Si pedimos perdón a Dios y al cónyuge por nuestra equivocación o pecado, debemos sentirnos perdonados porque:

“tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido” Salmo 51:17                                    

Propóngase pedir perdón y perdonar a su futuro cónyuge antes que acabe el día, así obedecerá a Dios, no acumulará amargura en su corazón, modelará la compasión en vez de la venganza y su vida  pareja recibirá los beneficios de la reconciliación, como son la paz, la armonía y la alegría.

Síntomas que indican falta de perdón

  • Susceptibilidad (cuando todo lo ofende)
  • La dificultad mantener sentimientos agradables hacia esa persona
  • Cuando tiene oportunidad, critica o habla mal de la persona o la situación
  • Obliga a la otra persona a pedir perdón nuevamente varias veces
  • Deseos de venganza

Podemos saber que no hemos perdonado cuando practicamos algunos de esos pecados: amargura, enojo, ira, gritería, malicia, maledicencia (Efesios 4:31) cometiendo sin revelación el pecado más grande, contristar al Espíritu Santo.

Obstáculos del perdón

  • La negación de la ofensa (cuando el ofensor niega la ofensa)
  • Patrones de conducta aprendidos o no aprendidos
  • Miedo a enfrenar el dolor
  • Miedo a la reincidencia
  • Miedo a la volverse vulnerable
  • La necesidad de tener la razón

Beneficios de una vida de perdón

  • Liberad emocional
  • Capacidad para disfrutar ante cualquier dificultad
  • Desarrollo de buenas relaciones interpersonales
  • Una relación más fluida  profunda con Dios
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