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Cuando las tormentas lleguen a su vida no las menosprecie. Antes, por el contrario, pídale a Dios que le ayude a conocer el PROPOSITO de ellas. Hay cosas que usted solo aprenderá en medio de las tempestades.

Las dos formas de edificar:

Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que, al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Más el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa

De acuerdo con la Biblia, existen dos formas de edificar:

-Con prudencia y sabiduría: ocurre cuando escuchamos y obedecemos lo que la palabra dice, pero además al aplicamos a nuestra vida.

-Con insensatez y desobediencia: sucede cuando actuamos con necedad de manera irrazonable, o con ganas de oír, pero no de obedecer.

Para edificar con prudencia y sabiduría tenemos que remover ciertas cosas de nuestras vidas, tales como:

-Tradiciones: muchas de ellas van en contra de la palabra de Dios.

-Discriminación: debido a la raza o la posición.

-Incredulidad: ésta es un espíritu, y tenemos que aprender a echarlo fuera.

-Rebelión: todo descendiente de Adán tiene un rebelde dentro, y la solución es crucificar esa naturaleza pecaminosa que se rebela contra Dios.

Tener conocimiento y fe en la palabra de Dios nos ayuda a eliminar tradiciones, discriminación, incredulidad y rebelión. Todo esto nos impide crecer y mantenernos firmes, cimentados en la roca que es Jesucristo.

Debemos creer que las escrituras contienen lo que Dios ha hablado a su pueblo. Sin embargo, pese a lo que la gente diga, la Palabra se cumplirá totalmente “la escritura no puede ser quebrantada” afirma Juan 10:35.

Cristo es el verbo de Dios Cristo es el verbo de Dios desde la eternidad y hasta la eternidad. Al nacer como hombre se hizo carne y vivió entre nosotros. En Juan 1:1 dice que “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el verbo era Dios”.

En el versículo 14 añade, “y aquel verbo fue hecho carne y habito ente nosotros”. Jesús era, es y será el verbo- la palabra- de Dios. Usted no puede decir que cree en Cristo per no cree en la Biblia, porque Cristo es el Verbo hecho carne. Por eso, para edificar sobre el fundamento que es Cristo Jesús con prudencia y sabiduría se necesita OBEDECER la palabra de Dios.

Cuando obedecemos la palabra:

1.Cristo se manifiesta en nosotros a través de su palabra (Tito 1:3).

2.El Padre y el hijo se quieren revelar a nosotros (Lucas 10:22)

3.Podemos distinguir los verdaderos discípulos de aquellos que no o son o aun están en el mundo (Juan 8:31)

4.Sabemos por su palabra que Dios nos ama (Juan 13:1)

5.Nos llena de amor el uno por el otro (Juan 13:35)

Nuestras responsabilidades como discípulos: Cuando guardamos la palabra y llegamos a ser discípulos de Cristo, fundamentados en la roca, tenemos ciertas responsabilidades que cumplir: -Somos responsables por edificarnos a nosotros mismos.

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” 1º Pedro 2:4-5. Una manera de edificarnos o crecer espiritualmente es orando en el Espíritu “Pero vosotros amados edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo…” (Judas 1:20).

-Somos responsables de edificar nuestras vidas. “En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2:21-22). “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo…” (1º Pedro 2:4-5)

Al aplicar la enseñanza de hoy en nuestras vidas, verdaderamente estaremos fundamentados en la roca que es Jesucristo. Solo así llegaremos a ser los DISCÍPULOS que él describe en su palabra, cuando afirma, “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21). La motivación correcta para obedecer la palabra siempre debe ser el amor a Dios.

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